TIERRA SANTA CHALLENGE 

ETAPA 13 - SAMARIA

Estimado peregrino:

 

¡Qué calor hace! Pero es cierto que no es un calor húmedo como en Galilea. Aun así, el sombrero es necesario y hemos de aprovechar los primeros rayos de sol. Como veis, cambia el paisaje. Montes bajos, relieve más abrupto excavado por los “wadis” (corrientes de agua temporales, solo llevan agua cuando llueve), matorrales secos, olivos y almendros. Se acabaron los plátanos y los mangos de Galilea. Pero es que además nos adentramos en una zona muy poco turística. Solo los aventureros se introducen aquí. No por el peligro, sino porque es zona palestina (Cisjordania) y no cuentan con los recursos económicos de Israel. Además, ¿te imaginas qué pasaría si quisieran explotar las zonas históricas y arqueológicas para los visitantes extranjeros? ¡Que no podrían si no es por medio del gobierno de Israel! ¿Por qué? Muy sencillo, porque Palestina no existe. Es un pueblo con territorio pero que no puede mantener relaciones internacionales de la misma manera que puede mantenerlas Israel. De hecho, aunque sí va a las reuniones de la ONU, solo puede ser “oyente”.

 

Obviamente, hemos de pasar un “check point”, pues dejamos Israel y necesitamos pasaporte (bueno, llevarlo encima porque muchas veces ni lo piden).

 

En definitiva, lo que te queremos decir, amigo peregrino, es que cambies el chip. Estamos en otro mundo en menos de una hora y media de autobús. La calidad de las carreteras, la limpieza y la idiosincrasia árabe -musulmán (porque existen también los árabes cristianos y los árabes judíos) se harán notar. Aquí ya no tienes que decir “Shalom” sino “salam alaykum” ¡qué bonito! Con los dos saludos se desea PAZ a la persona que se saluda. Pues eso, y como dicen los franciscanos, PAZ Y BIEN.

 

Subimos al autobús y EUNTES.

 

Vamos al reto de hoy.

  1. Vídeo. Región de Samaria, ciudad de Nablus:

La región de Samaria cuenta con vestigios arqueológicos de una importancia sublime pero están en medio del campo, entre olivares, al lado del campo de fútbol donde los muchachos juegan, hacen fogatas o tiran la basura. Pueblos que han convivido en su cotidianidad con columnas de mármol de 2 metros de diámetro o con un circo romano con sus gradas, donde siguen jugando a la pelota o al escondite… ¡tanta cultura! ¡tantas raíces! ¡tanta naturalidad! Aun así, los peregrinos cristianos buscan con ansia el pozo de Jacob donde Jesús se encontró con la mujer samaritana.

2. Jesús y las mujeres:

Bárbara, delegada de Apostolado Seglar de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño nos propone una reflexión preciosa sobre la relación de Jesús con las mujeres. ¡Cuánto podemos seguir aprendiendo del Maestro!

3. Propuesta orante

Leemos el texto evangélico del encuentro entre Jesús y la samaritana. Juan suele hablar en espiral, es decir, parece que vuelve siempre al mismo lugar, pero ¡no! Va bajando en profundidad. Así, Jesús, empieza por una frase bien sencillita “dame de beber” (aunque revolucionaria en su época por ser un hombre que se dirige a una mujer en un lugar público) y poco a poco va llegando al corazón de la mujer. Lee despacio, saboreando cada frase y sin perder el hilo. Así descubrirás cómo el nazareno sabe despertar la sed en la samaritana.

Lectura del Evangelio según San Juan (Jn 4, 5-42) Llegó así a un pueblo de Samaria que se llamaba Sicar, cerca del terreno que dio Jacob a su hijo José; estaba allí el manantial de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se quedó, sin más, sentado en el manantial. Era alrededor de la hora sexta. Llegó una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dijo: “Dame de beber”. Sus discípulos se habían marchado al pueblo a comprar provisiones. Le dice entonces la mujer samaritana: “¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú a él y te daría agua viva”. Le dice la mujer: “Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde vas a sacar el agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, del que bebió él, sus hijos y sus ganados?” Le contestó Jesús: “Todo el que bebe agua de esta volverá a tener sed; en cambio, el que haya bebido el agua que yo voy a darle, nunca más tendrá sed; no, el agua que yo voy a darle se le convertirá dentro en un manantial de agua que salta dando vida definitiva”. Le dice la mujer: “Señor, dame agua de ésa; así no tendré más sed ni vendré aquí a sacarla”. Él le dijo: “Ve a llamar a tu marido y vuelve aquí”. La mujer le contestó: “No tengo marido”. Le dijo Jesús: “Has dicho muy bien que no tienes marido; porque maridos has tenido cinco, y el que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”. La mujer le dijo: “Señor, veo que tú eres profeta. Nuestros padres celebraron el culto en este monte; en cambio, vosotros decís que el lugar donde hay que celebrarlo está en Jerusalén”.

Jesús le dijo: “Créeme, mujer: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén. Vosotros adoráis lo que no conocéis, nosotros adoramos lo que conocemos; la prueba es que la salvación proviene de los judíos; pero se acerca la hora, o, mejor dicho, ha llegado, en que los que dan culto verdadero adorarán al Padre con espíritu y lealtad, pues el Padre busca hombres que lo adoren así. Dios es Espíritu, y los que lo adoran han de dar culto con espíritu y lealtad”. Le dice la mujer: “Sé que va a venir un Mesías (es decir, Ungido); cuando venga él, nos lo explicará todo”. Le dice Jesús: “Soy yo, el que hablo contigo”. En esto llegaron sus discípulos y se quedaron extrañados de que hablase con una mujer, aunque ninguno le preguntó de qué discutía o de qué hablaba con ella. La mujer dejó su cántaro, se marchó al pueblo y le dijo a la gente: “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste tal vez el Mesías?” Salieron del pueblo y se dirigieron adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían: “Maestro, come”. Él les dijo: “Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis”. Los discípulos comentaban: “¿Le habrá traído alguien de comer?” Jesús les dijo: “Para mí es alimento realizar el designio del que me mandó, dando remate a su obra. ¿No soléis decir vosotros: “cuatro meses y llega la siega”? Mirad lo que os digo: Levantad la vista y contemplad los campos: ya están dorados para la siega. El segador cobra salario reuniendo fruto para una vida definitiva; así se alegran los dos, sembrador y segador. Con todo, en esto tiene razón el refrán, que uno siembra y otro siega: yo os he enviado a segar lo que no os ha costado fatiga; otros se han estado fatigando y vosotros os habéis encontrado con el fruto de su fatiga”. Del pueblo aquel muchos de los samaritanos le dieron su adhesión por lo que les decía la mujer, que declaraba: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Así, cuando llegaron los samaritanos adonde estaba él, le rogaron que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días.

Muchos más creyeron por lo que dijo él, y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú cuentas; nosotros mismos lo hemos estado oyendo y sabemos que éste es realmente el salvador del mundo”.

MODALIDAD ESTÁNDAR

Escucha esta canción y luego déjala reposar en ti durante dos minutos:

Si estuvieras sentado con Jesús en ese pozo en el día de hoy: ¿qué le dirías? ¡Pues cierra los ojos y díselo!

MODALIDAD EXTREME

Tu ejercicio de hoy requiere paciencia: VUELVE A LEER TODO EL RELATO. Con serenidad, deteniéndote donde el Espíritu te inspire.

Cuestiones para profundizar:

  • ¿Qué es lo que más te llama la atención de la actitud de Jesús?

  • ¿Qué significa para ti “adorar en espíritu y verdad?

  • ¿Qué significa para ti la última frase de este relato?

  • ¿Qué les ocurre a los discípulos de Jesús durante todo el relato?

Termina la oración pidiéndole a Jesús ese “agua viva” que tanto estás necesitando en este tiempo en algún aspecto de tu vida.

Otra sugerencia (canción):

4. La pista de hoy: NORMALMENTE ESCRIBÍA EN LATÍN

5. Rellena el formulario final para subirte al autobús hasta la nueva etapa: RIO JORDAN - Haz click en el bus

TAREAS EXTRA y OPCIONALES PARA MUY MOTIVADOS

      Conoce más sobre los Samaritanos en la actualidad (4 min):

¿Te gusta la arqueología?

      Observa bien este mapa para comprender la geografía física de Israel y la zona montañosa de Samaria.

      LECTURA: La religión de Jesús (José Antonio Pagola)

Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob, en las cercanías de la aldea de Sicar. Pronto llega una mujer samaritana a apagar su sed. Espontáneamente, Jesús comienza a hablar con ella de lo que lleva en su corazón.

 

En un momento de la conversación, la mujer le plantea los conflictos que enfrentan a judíos y samaritanos. Los judíos peregrinan a Jerusalén para adorar a Dios. Los samaritanos suben al monte Garizim cuya cumbre se divisa desde el pozo de Jacob. ¿Dónde hay que adorar a Dios? ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Qué piensa el profeta de Galilea?

 

Jesús comienza por aclarar que el verdadero culto no depende de un lugar determinado, por muy venerable que pueda ser. El Padre del cielo no está atado a ningún lugar, no es propiedad de ninguna religión. No pertenece a ningún pueblo concreto.

 

No lo hemos de olvidar. Para encontrarnos con Dios, no es necesario ir a Roma o peregrinar a Jerusalén. No hace falta entrar en una capilla o visitar una catedral. Desde la cárcel más secreta, desde la sala de cuidados intensivos de un hospital, desde cualquier cocina o lugar de trabajo podemos elevar nuestro corazón hacia Dios.

 

Jesús no habla a la samaritana de «adorar a Dios». Su lenguaje es nuevo. Hasta por tres veces le habla de «adorar al Padre». Por eso, no es necesario subir a una montaña para acercarnos un poco a un Dios lejano, desentendido de nuestros problemas, indiferente a nuestros sufrimientos. El verdadero culto empieza por reconocer a Dios como Padre querido que nos acompaña de cerca a lo largo de nuestra vida.

 

Jesús le dice algo más. El Padre está buscando «verdaderos adoradores». No está esperando de sus hijos grandes ceremonias, celebraciones solemnes, inciensos y procesiones. Lo que desea es corazones sencillos que le adoren «en espíritu y en verdad».

 

«Adorar al Padre en espíritu» es seguir los pasos de Jesús y dejarnos conducir como él por el Espíritu del Padre que lo envía siempre hacia los últimos. Aprender a ser compasivos como es el Padre. Lo dice Jesús de manera clara: «Dios es espíritu, y quienes le adoran deben hacerlo en espíritu». Dios es amor, perdón, ternura, aliento vivificador..., y quienes lo adoran deben parecerse a él.

 

«Adorar al Padre en verdad» es vivir en la verdad. Volver una y otra vez a la verdad del Evangelio. Ser fieles a la verdad de Jesús sin encerrarnos en nuestras propias mentiras. Después de veinte siglos de cristianismo, ¿hemos aprendido a dar culto verdadero a Dios? ¿Somos los verdaderos adoradores que busca el Padre?

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