TIERRA SANTA CHALLENGE 

ETAPA 17 - MASADA

Estimado peregrino:

Si ayer nos detuvimos especialmente en Qumran, hoy vamos un poco más al sur del mar Muerto. A nuestra izquierda en el bus podemos observar el sereno mar Muerto con sus orillas blanquecinas, que no es sino la sal que queda cristalizada en las rocas. Ayer más de uno se dio cuenta de que pinchaban y cortaban, efectivamente ¡son cristales de sal! A la derecha seguimos contemplando montañas rojizas desérticas y excavadas por wadis (corrientes de gua temporales) casi siempre secos. En este paisaje inhóspito, pronto distinguiremos una montaña un poquito más alta y aislada. Estaremos ante un capítulo de la historia que nos quitará el hipo: Masada. Un ejemplo claro de que hay valores universales que valen más que la propia vida: la libertad del pueblo.

Aunque la etapa de hoy tiene un tinte más histórico, esto no significa que no sea “espiritual”, más que nada porque una espiritualidad que se vive al margen del contexto social que vivimos puede quedarse encapsulada en una filosofía intimista que raya el sectarismo. De ahí que los cristianos estemos invitados a rezar con la Biblia en una mano y con el periódico en la otra, como sugería el teólogo suizo Karl Barth.

Pues bien, intentemos acoger Masada como metáfora de nuestro tiempo y la muerte de los últimos judíos como metáfora de quien murió por nosotros y de nuestra entrega cotidiana. Nuestras propias “muertes diarias” insertadas en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús… hará más libre a nuestro mundo.

No hay tiempo que perder, ánimo, subamos al autobús y EUNTES.

  1. Vídeo. Visita a Masada 

2. Vídeo. El imperio romano

3. Propuesta orante (Estándar 5 minutos; Extreme 20 minutos)

Hoy te proponemos saborear la palabra libertad en citas famosas, tanto de la Biblia como de otros célebres personajes. Se trata de ir releyendo las citas y dejarlas resonar en el interior con el fin de ir adquiriendo sabiduría. El Espíritu te iluminará en algunas a su modo y manera.

 

Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud (Gálatas 5,1)

 

No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna (Mahatma Gandhi).

 

El Espíritu del Señor omnipotente está sobre mí,
por cuanto me ha ungido
para anunciar buenas nuevas a los pobres.
Me ha enviado a sanar los corazones heridos,
a proclamar liberación a los cautivos
y libertad a los prisioneros (Isaías 61,1). 

Aquellos que cederían la libertad esencial para adquirir una pequeña seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad (Benjamin Franklin).

 

Jesús se dirigió entonces a los judíos que habían creído en él, y les dijo: Si se mantienen fieles a mis enseñanzas, serán realmente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres (Jn 8,31-32).

 

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida (Miguel de Cervantes).

CONCLUYE ESTA FRASE

PARA MÍ, LA LIBERTAD ES ……………………………………………

4. La pista de hoy: LOCA SANTA

5. Rellena el formulario final para subirte al autobús hasta la nueva etapa: BELÉN - Haz click en el bus

TAREAS EXTRA y OPCIONALES PARA MUY MOTIVADOS

LECTURA: LA CONQUISTA DE MASADA

      Posible reconstrucción de Masada:

Jesús, hombre libre

El hombre Jesús, el hombre como tal, ha llegado a la plena soberanía; a él, que había aceptado antes (no por obligación, sino voluntariamente) ser semejante a un esclavo, asumir los rasgos propios del esclavo, Dios, su Padre, le otorgó por gracia la plenitud de una libertad que nada tiene que ver con nuestras pequeñas contraposiciones terrenas: dueño-esclavo.

Es curioso que los tres evangelistas sinópticos abran el relato de la vida pública de Jesús con la escena de la tentación o, más bien, de las tentaciones en el desierto.

1. Libre frente al tener

La primera tentación es moneda corriente. El hombre es un ser con naturaleza; por lo tanto, con necesidades. No puede vivir sin alimento, sin techo, sin vestidos, sin tiempo disponible, sin cultura. La lista va en aumento. Tanto crece que nunca tendremos bastante; y para satisfacer estas necesidades enormemente elásticas, no podremos por menos que desear cada vez más riquezas. La mayoría de los hombres están encadenados. Mammon, lo llama el Evangelio.

Sí, nunca tenemos demasiado, pues siempre miramos sólo a los que son más que nosotros, a los que tienen más que nosotros; porque, en este mundo en que vivimos, la carrera del tener se ha convertido en el motor ordinario para poner en movimiento a las multitudes. Todos desearían prosperar mucho, pero en esa dinámica y en nuestras estructuras mundanas presentes se introduce una ruptura irreparable entre la extrema opulencia, por un lado, y la extrema miseria, por otro; entre la excesiva riqueza y la indigencia. Jesús hizo otra opción diferente. Venció en Sí mismo toda preocupación por poseer. No tuvo «dónde reclinar la cabeza».

 


1.2. Libre frente al valer

La segunda tentación no es menos clásica, menos corriente. Es verdad que la invitación a lanzarse sin paracaídas al vacío, desde lo alto del alero del templo, parece muy circunstancial.

Sin embargo, lleva en sí la dimensión de un desafío: realizar un hecho milagroso... Porque todavía seguimos pensando que los milagros son hechos que escapan a las leyes de la naturaleza. Aquél habría violado la ley de la gravitación universal. Pero el gesto habría tenido la ventaja de concitar sobre Jesús las miradas y la admiración de todo el mundo. Con aquel gesto habría ganado Jesús prestigio y fácil renombre. Esta búsqueda de la consideración, de la admiración, esta voluntad de hacerse valer es, verdaderamente, uno de los impulsos fundamentales que explican la conducta de la mayor parte de los hombres. Jesús no claudica ante esta fascinación. Frente al deseo que nos lleva a nosotros a hacernos valer, a seducir a los demás, a despertar en nuestro provecho los deseos ajenos, Jesús es libre.

1.3. Libre frente al poder

Libre también ante la tercera tentación: el ansia de poder. Querrán hacerle rey. El se negará a semejante pretensión. En su pasión será únicamente un rey de mofa, a costa de una entronización bufonesca. La libertad con que vive le hace ser soberano, pero esa soberanía jamás se trocará en voluntad de dominación sobre otros hombres. Jesús sólo será terrible para los demonios. Después de haberlos expulsado, en la otra orilla dellago, se verá rechazado por los habitantes de aquel lugar. Aceptará su rechazo, sin intentar imponérseles en modo alguno.

Tener, valer, poder... De estos tres impulsos, que son siempre una amenaza para la frágil libertad de los hombres, no hallamos en Jesús ningún rastro en los testimonios evangélicos. Incluso El mismo se atreverá a decir: «¡A ver, uno que pruebe que estoy en falta!». Está limpio de pecado. Su extremada indulgencia para con los pecadores es la de un hombre libre de todo compromiso; pero libre también de despreciar o menospreciar a nadie.

1.4. Libre frente a la opinión

Frente a estas tres presiones interiores, la conducta de la mayoría de los hombres se halla sometida también a otra forma de presión: la ejercida por la sociedad circundante, por los modelos de conducta que ella impone, por el temor que suscitan los que en ella hacen la ley. La opinión pública es un amo ante el que la mayoría de los hombres capitulan. Jesús la desafía sin vacilar. Huye del entusiasmo popular que llegó a suscitar. Por lo que se refiere a los poderes establecidos, no le preocupan. No les tiene ningún miedo, cuando tantos hombres renuncian a su libertad tan pronto como se sienten amenazados en su vida, en sus bienes o en su independencia.

De ahí esos testimonios que nos le presentan enfrentado, sin la más mínima concesión, a todas las autoridades de su tiempo. Autoridad política: a Herodes alguien le contarían el implacable juicio que Jesús había emitido sobre él: «Ese don nadie. Ese zorro». No hace falta que relatemos aquí sus apreciaciones sobre las autoridades religiosas, los sacerdotes, las grandes familias sacerdotales (colaboracionistas, por lo demás), que defienden sus propios intereses so capa de defender los intereses del templo; con ellos se enemistó ya desde el primer momento.

También ellos sospecharon, desde el principio, el riesgo que la predicación de aquel hombre podía crearles, y tomaron sus medidas. Lo más sorprendente es el conflicto de Jesús con quienes podríamos llamar las autoridades morales; hoy leemos con ojos severos su relación con los fariseos. ¿Por qué? Es toda una paradoja. En cierto modo, Jesús está muy cercano a ellos, por ejemplo, en lo que se refiere a su fe en la resurrección de los muertos; pero, por otra parte, se niega a caer en su integrismo, en el integrismo de la ley, de las tradiciones de los padres, de las sutilezas de los doctores. Y en todo esto les trata sin concesiones también a ellos, como pudo apreciarlo aquel buen Nicodemo, cuyo proceder era, sin embargo, muy generoso.

La opinión pública. Jesús no va a recurrir al pueblo contra los jefes -el mismo pueblo está ciego-; nunca se fiará de los entusiasmos populares; cuando quieran hacerle rey, huirá al monte; rechazará implacablemente todos los malentendidos. Donde habría podido andar con rodeos, atenuar o mitigar sus palabras (como, por ejemplo, en el célebre discurso en la sinagoga de Cafarnaún, capítulo sexto del Evangelio según San Juan), insiste duramente, violentamente, en lo que de más intolerable e increíble había en sus palabras. Jesús nunca traficó ni negoció con lo verosímil que podía tener a su disposición. El viene de otra parte, de un lugar en el que no cuenta lo verosímil, lo creíble, sino la fe.

1.5. ¿De dónde le viene su libertad? 

Pero ¿cuál es el secreto de esa su libertad? Y volviendo a lo que decíamos antes, ¿cómo se inscribe esa libertad de un modo positivo, de una manera creadora y no sólo como rechazo, repulsa o negación? El secreto es bien sencillo: para Jesús, Dios es Dios. El hace su vida como Hijo del Padre. Su fe le hace libre. Su único horizonte es Dios. Dios es su único porvenir. Dios cercanísimo.

A los demás les dice que el Reino está muy próximo; para El, el Reino es inminente. El Reino, esto es, la venida de Dios en la 

plenitud de su amor soberano: un amor capaz de barrerlo todo: nuestras repulsas, nuestras resistencias, nuestras traiciones; un amor más fuerte que el pecado. Dios viene, Dios está ahí. Dios está ahí para Jesús. Entonces, todo lo demás es relativo, queda relativizado, no le angustia. Dios es el único término de su deseo. San Juan escribe al comienzo de su Evangelio que «al principio, la Palabra se dirigía a Dios».

Jesús es el hombre orientado exclusivamente hacia Dios. En esta adhesión incondicional encuentra Él su libertad, en medio de 
todas las ataduras que a nosotros nos traban. Está vuelto hacia Dios, comulga con El, coincide con el deseo mismo de Dios: «Para mí es alimento cumplir el designio del que me envió». Deseo de Dios: «Proclámese que Tú eres santo, llegue tu Reinado, realícese tu designio». Es inútil tratar de escrutar la psicología de Jesús; está ahí; en estas palabras, que El nos comunicó y nos propuso hacer nuestras. En ellas encontró Jesús la libertad de su deseo; en ellas podemos encontrar también nosotros la libertad del nuestro; en ellas puede nuestro deseo recuperar su fuerza. En ellas puede recobrar su amplitud, sin nuestras estrechuras, sin nuestras mezquindades, sin nuestros bloqueos en esas cosas que adquieren para nosotros tal importancia que nos llevan a olvidarnos de Dios.

Jesús, el hombre libre, testigo de la libertad íntegra. Así tuvo que ser verdaderamente para que sus mismos adversarios lo 
reconocieran: «Enseñas el camino de Dios con verdad; además, no te importan las apariencias». Dijimos que hombre libre es aquel cuya palabra es realmente propia palabra suya. Aquel cuya palabra no es voz de otro. Jesús habló siempre, y solamente, su propia palabra. Seguramente porque Él es la Palabra.

JOSEPH THOMAS, S.J. LLAMADOS A LA LIBERTAD (Edit. SAL TERRAE SANTANDER 1986.Págs. 32-63).

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