TIERRA SANTA CHALLENGE 

ETAPA 27 - CALVARIO

Estimado peregrino:

Quizás hoy no sea una etapa para decir muchas palabras sino para contemplar con los ojos del corazón. Ni siquiera con los ojos del rostro porque la iglesia del Santo Sepulcro atiborrada de gente y con tanto recoveco y no siempre silenciosa, pierde un poco de glamour espiritual.

Hacer colas por estar 20 segundos en el lugar santo solo es posible vivirlo con profundidad si vamos preparados por dentro. Sin duda alguna, esta peregrinación virtual ha sido una maravillosa preparación para vivir algo real, porque la muerte de Jesús se actualiza en la fuerza del Espíritu Santo. Invoca al Espíritu desde el inicio de esta etapa para que se te permita vivir unido a Él en este misterio insondable del Hijo de Dios.

Hemos pedido a nuestros chóferes que no os pierdan de vista. Van con una camiseta rosa fosforita y os defenderán de los empujones y de gente que se “cuela” religiosamente. Además, si necesitáis alguna foto, ellos os ayudarán. Eso sí, no os despistéis porque lo importante es que la imagen quede grabada en vuestro corazón para que realmente sea imborrable y os transforme en verdaderos discípulos misioneros.

Ánimo y EUNTES

  1. Vídeo. Monte Calvario

Quizás este no sea un monte más de los que hemos visitado, sino “el monte”. Desde luego subir al Calvario y acompañar a Jesús, junto con María y Juan no es una opción ni fruto de un esfuerzo sino un don. Ojalá se nos regale ese don de acoger el misterio del dolor con lucidez para no caer en la desesperanza. Este tiempo de coronavirus es un Calvario también. Lo importante es saberse situar desde el Crucificado-Resucitado en este Gólgota actual. Manuel nos introduce y luego veremos algunas imágenes que nos hagan viajar hasta allí.

2. La muerte de Jesús

El Hermano Jaime Comabella, Marista de la comunidad de Logroño, nos ofrece una reflexión preciosa y muy clara sobre cómo acercarnos al gran misterio de la muerte de Jesús. No fue una muerte más, fue la muerte redentora de la humanidad… ¿por qué? Escuchemos atentos.

3. Píldora bíblica: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 

¿Realmente Jesús se sintió abandonado por el Padre en el momento más difícil de su vida? Fernando nos ayuda a acercarnos a la muerte de Jesús desde las Escrituras.

4. Propuesta orante. 

4.A. ESTÁNDAR

Después de los tres vídeos entendemos que ya no tengas más tiempo, por lo que puedes pasar ya a rellenar el formulario. Aún así, te dejemos este vídeo que te pondrá la piel de gallina por la inmensa ternura de Jesús:

4.B. EXTREME

  • Busca un lugar tranquilo para realizar la lectura orante de la Pasión y ve escuchando las canciones que consideres que te pueden ayudar.

 

  • Hoy sería bueno tener una cruz cerca: colgante, cuadro, de mesa…

 

En la fiesta Pilato solía soltarles un preso, el que pidiesen.  Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con los rebeldes que habían cometido homicidio en la insurrección.  La multitud se levantó y comenzó a pedir que les hiciese como acostumbraba.

Entonces Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que yo os suelte al rey de los judíos?

Porque sabía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes. Pero los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que les soltase más bien a Barrabás.  De nuevo intervino Pilato y les decía: ¿Qué, pues, queréis que haga con el que llamáis "el rey de los judíos"?

De nuevo gritaron: ¡Crucifícale!

Entonces Pilato les dijo: ¿Pues, qué mal ha hecho?

Pero lanzaron gritos aún más fuertes: ¡Crucifícale!

Entonces Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado.

Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, que es el Pretorio, y convocaron a toda la compañía. Le vistieron de púrpura; y habiendo entretejido una corona de espinas, se la pusieron y comenzaron a aclamarle: ¡Viva, rey de los judíos!

También le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y puestos de rodillas le rendían homenaje.

Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto de púrpura y le pusieron su propia ropa. Entonces le sacaron para crucificarle.

Obligaron a uno que pasaba viniendo del campo, a un cierto Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, a que cargara la cruz de Jesús.  

Y le llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido es lugar de la Calavera. Le dieron vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. Y le crucificaron, y repartieron sus vestiduras, echando suertes sobre ellas para ver qué se llevaría cada uno. Era la hora tercera cuando le crucificaron. El título de su acusación estaba escrito: EL REY DE LOS JUDIOS. Y con él crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda., Y los que pasaban le insultaban, meneando sus cabezas y diciendo: ¡Ah! Tú que derribas el templo y lo edificas en tres días, ¡sálvate a ti mismo y desciende de la cruz!

De igual manera, burlándose de él entre ellos mismos, los principales sacerdotes junto con los escribas decían: A otros salvó; a sí mismo no se puede salvar. ¡Que el Cristo, el rey de Israel, descienda ahora de la cruz para que veamos y creamos!

También los que estaban crucificados con él le injuriaban.

Cuando llegó la hora sexta, descendió oscuridad sobre toda la tierra, hasta la hora novena.  Y en la hora novena Jesús exclamó a gran voz, diciendo: ¡Eloi, Eloi! ¿Lama sabactani? -que traducido quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?-.

 Al oírle, algunos de los que estaban allí decían: He aquí, llama a Elías.

Corrió uno y empapó una esponja en vinagre, la puso en una caña y le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle.

Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró. Y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

El centurión que estaba de pie delante de él, cuando vio que había muerto de esta manera, dijo: ¡Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios!

También estaban allí algunas mujeres, mirando desde lejos. Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé. Cuando Jesús estaba en Galilea, éstas le seguían y le servían. También había muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.

Cuando ya atardecía, siendo el día de la Preparación, es decir, la víspera del sábado, llegó José de Arimatea, miembro ilustre del concilio, quien también esperaba el reino de Dios, y entró osadamente a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto. Y llamando al centurión, le preguntó si ya había muerto.  Una vez informado por el centurión, concedió el cuerpo a José.  Comprando una sábana y bajándole de la cruz, José lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que había sido cavado en una peña. Luego hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.

 María Magdalena y María la madre de José miraban dónde le ponían.

CONFÍA (Ain Karem): 

KENOSIS (Grilex): 

CONFÍA EN DIOS (Siervas): 

AL CONTEMPLARTE

EN LA CRUZ (Athenas): 

DIARIO DE MARÍA 

(Martín Valverde): 

5. La pista de hoy: hermana del de ayer.

Al final de la peregrinación tendrás que resolver una cuestión que se te hará. Ve recogiendo las pistas que se te ofrecerá en cada etapa.

5. ÉCHANOS UNA MANO

Esta experiencia de Tierra Santa Challenge nació de forma gratuita a raíz de la pandemia de COVID19 con el fin de llevar a los domicilios particular un itinerario de fe a los jóvenes riojanos. Sin embargo, lo virtual ha trascendido diócesis y fronteras. Nuestros medios humildes tenían en mente a 50-80 jóvenes de La Rioja, sin embargo, en este Tierra Santa Challenge estamos 1750 personas de todos los rincones del mundo.

Esto ha supuesto un esfuerzo grande que deseamos convertir, gracias a vuestros donativos, en ayuda para las personas enfermas de nuestra hospitalidad de La Rioja y para seguir fomentando las experiencias “Challenge”. De hecho, ya sabéis que a partir del día 25 queremos empezar el Camino de Santiago Challenge: www.challengelarioja.com

Por todo ello, te pedimos que, en la medida que puedas, colabores con tus donativos tanto en el mantenimiento de este proyecto, como en la colaboración que vamos ha seguir teniendo con Caritas la Rioja en su Fondo de Solidaridad, que colabora con la atención a familias que se han visto afectadas por al crisis que esta provocando esta pandemia.

Beneficiario: Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño

Número de Cuenta: ES71 2085 5652 8103 0043 8880

Asunto: Peregrinación Virtual Tierra Santa

PARA DONATIVOS DESDE FUERA DE ESPAÑA ES POSIBLE QUE LES PIDAN EL CÓDIGO SWIFT: CAZRES2Z

6. Todos los peregrinos (estándar y extreme), una vez hechas las tareas, debéis rellenar UNA SOLA VEZ el formulario ANTES DE LAS 23:00 h. para adquirir el billete de autobús hasta EL SANTO SEPULCRO

 - Haz click en el bus

TAREAS EXTRA y OPCIONALES PARA MUY MOTIVADOS

Algo más de arqueología: El lugar donde Cristo fue flagelado El Lithostrotos:

Con Jesús hasta el Gólgota… Viacrucis de Jerusalén:

LECTURA: ACTITUD CRISTIANA ANTE LA MUERTE: José Carlos Bermejo Higuera. Centro de Humanización de la Salud (Tres Cantos-Madrid). Revista Salesianos Pastoral Juvenil. Estudio 358.

 

La fe no es un anestésico o ansiolítico de las humanas reacciones ante la muerte. El mismo Jesús ha manifestado claramente sus sentimientos de tristeza. La espantosa noche de terror (“me muero de tristeza”) es uno de los más valiosos relatos que tenemos sobre Jesús, porque nos lo revela en toda su humanidad. Ese miedo y esa angustia, tan difíciles de soportar, forman parte de la condición humana”. La clave es poder compartirlos con los demás y con el Padre y aprender juntos a seguir creyendo y confiando.

Una mujer, al final de su vida me decía: “El creyente se siente culpable si, en el momento de la enfermedad y la cercanía de la muerte siente miedo; de alguna manera, todos estamos imbuidos de la sensación de que, quien ha tenido una vida cristiana ejemplar, debe morir de una manera ejemplar. Creo que ha llegado el momento de contemplar más a Jesús en Getsemaní: el hombre más coherente de la Historia lloró, suplicó, gimió y sudó sangre ante la cercanía de la muerte. ¿Por qué los creyentes tendemos a creer que la muerte es el salto del último listón y que debemos sacar medalla de oro en la superación de ese salto? Quien quiera ayudarnos a morir hoy, debería insistir más en la profunda humanidad de Jesús. (…) Tenemos que convencernos de que el miedo y la repugnancia de morir no va a enturbiar una excelente “hoja de servicios” y convencernos de que Dios nos ama incondicionalmente y todo es gratuidad. Ahí sí que la ayuda puede y debe ser importante para quien va a morir”.

Andrés Tornos afirmaba al respecto: “A nosotros, como a cristianos a quienes se entrega el sacerdocio o el ministerio de Cristo, se nos marca en su ejemplo el camino y características de nuestro servicio fiel. No se trata de que ante la muerte apostemos por mesianismos, espiritualismos o heroísmos que no fueron los de Jesús y mal pueden ser ejercidos en su nombre. Nuestro testimonio y ministerios, si han de ser cristianos, tienen que asumir la condición concreta de los sentimientos y planteamientos de nuestros hermanos. Si ha de estar en su sitio la palabra explícita de la fe o el sacramento que podemos ofrecer, tiene que nacer obviamente de la situación o abrirse paso en la fidelidad a ella.”

La fe, como la oración, pueden ser purificadas al tocar el final de la propia vida o de la de un próximo. Las palabras y los signos han de ajustarse con fidelidad a la experiencia vivida; igualmente las palabras del rito, porque si el rito humaniza, el rito deshumanizado es denigrante. San Camilo, patrono de los enfermos, enfermeros y hospitales, y cuyos seguidores han sido reconocidos durante tiempo como “los Padres de la buena muerte”, decía: “Yo no sé en mis oraciones andar por las copas de los árboles”. Su espiritualidad, como refiere Pronzato, no se asemeja al aire con que se llenan los globos de colores, tan hermosos a la vista, sino al aire que sirve para llenar los neumáticos. Es una espiritualidad que le resulta indispensable para caminar y doblar el espinazo y servir a los enfermos, particularmente a los moribundos.”

Esperanza cristiana

Ante la muerte se plantea también el tema de la esperanza humana y de la esperanza para el creyente. De la esperanza se dice que el esfuerzo por infundirla es el factor humano-terapéutico más importante. La esperanza es ese «constitutivum de la existencia humana» que transciende el mero optimismo en situaciones como la del enfermo terminal.

Para el creyente se trata de un acto de fe en que la muerte no tendrá la última palabra. Una esperanza en cosas futuras, por importantes que sean, no tendrá nunca el valor de la esperanza en Dios, es decir, de las esperanzas de los hombres que se confían a El sabiendo que el futuro no se llama reino de los hombres sino reino de Dios, donde Dios será todo en todas las cosas.

La fe cristiana no espera en tal o en cual cosa que haya de suceder en un futuro más o menos lejano, sino que confía en una persona y en una definitiva comunión con ella. De modo sintético, dice Greshake, «quien espera, no espera en el paraíso como en un mundo feliz, sino que espera en Dios; el cual, en cuanto que se le conquista y se alcanza, es ya el paraíso, es decir, la realización de todas las aspiraciones del hombre a la comunicación personal, al amor y a la perfección».

Ahora bien, esta realización total del deseo de comunión y liberación plena, ¿es una fuga en el futuro ante la dura situación presente y ante el evidente fracaso por la proximidad de la muerte, o se encarna como un dinamismo actual? La necesidad de mantener relaciones basadas en el amor presente, ¿puede mantenerse sin futuro? Si por un lado la idea de una vida que va hacia la muerte es más aceptable mediante la fe en la resurrección, la espera de la resurrección, por otro lado, da a la vida el futuro del que necesita para poder amar. Por su propia naturaleza, la esperanza dinamiza el presente, lanza a vivir el amor en las circunstancias concretas de la vida, y hace que las relaciones del ahora sean vividas como la anticipación de la comunión profunda con Dios.

Más allá de las esperanzas particulares de nuestra vida en el tiempo, el creyente experimenta una esperanza que va más allá del tiempo, no para evadirnos de la historia, sino para introducir en el corazón del mundo una anticipación del «mundo futuro», del que los creyentes desean ser, de alguna forma, presencia sacramental.

Las relaciones interpersonales pueden ser anticipación y encarnación de la deseada relación con Dios para el creyente, realización de la misma, porque el cielo ya ha comenzado en el interior de este mundo. Vamos gozando de antemano y en pequeñas dosis las fuerzas del mundo futuro. Cada encuentro, cada relación significativa, cada diálogo que logramos establecer en el amor, es sacramento de la esperanza. Porque no habrá motivo de esperarse mucho del futuro si los signos de la esperanza no se hacen visibles en el presente. Se realiza así «el milagro de la fe: la esperanza contra toda esperanza». La esperanza va más allá de la muerte, «surge de experiencias positivas, de experiencias de sentido y que se hacen en esta vida.


En último término, para el creyente, la esperanza se traduce en abandono en Dios, en quien se deposita el máximo de confianza. Abandonarse en Dios en total confianza no significa una actitud pasiva de resignación. Más bien tiene lugar una dialéctica entre lucha y aceptación. Es una lucha que acepta que Dios diga la última palabra; una lucha como expresión de la esperanza y vivida desde la aceptación en la que la persona es sujeto.

La esperanza, pues, no consiste en la ilusión de superar todas las dificultades, hasta el punto de no morir. Sería no sólo una vana ilusión, sino que no entra dentro de la razonabilidad de las personas y de las verdaderas expectativas. Escribe el teólogo Turoldo en “La muerte del último teólogo” una interesante reflexión bajo forma de cuento: “Se trata de aquella isla, donde los hombres no mueren nunca; hombres que vivían setecientos años, ochocientos años, continuando la vida envejeciendo, transcurriendo el tiempo, marchitándose los sentimientos, como sucede normalmente en todo el universo, y, también, enfermando, pero sin morir. Lo único que no sucedía desde hacía siglos es que alguien muriese. Podemos imaginarnos lo que era aquella isla. ¿Qué podrían decirse unos a otros después de unos siglos? ¿Qué contarse, que ya no supiesen? Pero el aspecto más grave era la desaparición de todo sentimiento de ternura y de piedad, incluso frente a los dolores más atroces y en las personas más queridas, porque todos decían: “no morirá”. Hasta el punto de colocarse todos a la espera de que alguien, finalmente, comenzase de nuevo a morir. En un cierto momento, comenzaron a celebrar ritos y plegarias para que se recomenzase a morir. E invocaban a Dios suplicando: “Señor, mándanos la muerte, la gran muerte, la bella muerte; perdónanos si en algún tiempo nos hemos lamentado porque se moría, si no hemos sabido ser felices como tú querías, si no hemos comprendido; la muerte es la puerta de la salvación, la entrada a tu palacio; la vida es distancia, nos exilia a uno de otro, nos conduce al desierto; Señor, líbranos de la vida, tú eres un niño y no sabes lo que quiere decir ser un hombre de mil años”.

Ahora bien, ¿cómo infundir esperanza en el acompañamiento al enfermo terminal o a la familia? El símbolo de la esperanza es el ancla. Infundir esperanza no es otra cosa que ofrecer a quien se encuentra movido por el temporal del sufrimiento, un lugar donde apoyarse, un agarradero, ser para él ancla que mantiene firme, y no a la deriva, la barca de la vida. Ofrecerse para agarrarse, ser alguien con quien compartir los propios temores y las propias ilusiones; eso es infundir esperanza.

Acompañar a vivir en clave de esperanza no significa promover una sensación de seguridad que anule la incertidumbre y la inseguridad. La seguridad no pertenece a la esperanza, dice Santo Tomás. La esperanza es hermana del coraje paciente y perseverante, de la constancia, de la impaciencia (paradójicamente) y del abandono, en último término en Aquél en quien se confía ilimitadamente: Dios, en el caso del creyente.

Cada encuentro, cada relación de ayuda significativa con el enfermo terminal, cada diálogo que el profesional de enfermería logra establecer en el amor, es sacramento de la esperanza; porque no habrá motivos para esperar mucho del futuro si los signos de la esperanza no se hacen visibles en el presente.

Realmente es un Challenge (desafío) comprender la iglesia del Santo Sepulcro. Mira, por ejemplo, el templo de Venus que se construyó en el siglo II en la cantera del Gólgota.

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